jueves, 29 de abril de 2010

Leer con ellos

De las mejores cosas que hice con mis hijos cuando más chicos, fue leer con ellos. Instituimos que algunos días de la semana, después de cenar, cada uno traería su libro y, tirados en el piso de mi recámara, escuchando música clásica de fondo, leeríamos juntos, ‘cada quien su libro’.

Cada quien su libro pero yo tendría que atender a todos, saber de todos y entender de todos. Esa es la suerte de ser la mamá.

Cada quien su libro pero fue entonces cuando tuve que leer Harry Potter, porque era claro que no me dejarían concentrarme en otra cosa.

Desde entonces algunos de ellos comenzaron a interesarse, y yo, que fui quien más ganó, aprendí a leer con ellos, y a dedicar un rato a una actividad que deja muchos ratos de satisfacción, pero que compartida, lo multiplica por miles.

Leer con ellos crea un lazo formidable en cada relato, en cada cuento y en cada historia y en la vida real.

Paulina
 
Texto de @Paulinaburkle

jueves, 15 de abril de 2010

Los regaños

Mientras caminaba en el supermercado pensando en que comprar para preparar el "lunch" de los niños para mañana, algo que les guste, que sea nutritivo y que no cueste demasiado (¿te suena familiar?), vi a una señora con dos niños pequeños. Uno lo traía en brazos, que no creo que tuviera más de dos años, y al otro de la mano, que no tendría más de cuatro o cinco años. El más pequeño lloraba porque quería un juguete (¿también te suena familiar?) y pues la mamá había dicho que no. Hasta ahí todo parecía una escena muy típica, de las que siempre vemos en un lugar así hasta que, repentinamente, llega un señor mayor (supuse que el abuelo) y le da un manotazo al pequeño y le dice cosas como "sáquese de aquí" y "silencio chamaco". Ufff... sentí que la sangre me hervía... y la mamá... en silencio absoluto.

Me pareció increíble ver cómo aún la gente cree que con un regaño de esa índole realmente "educan" a los niños. Como mamá de tres, uno de 19, otra de 12 y un pequeño de 7, sé lo complicado y difícil que a veces puede ser tratar de cumplir con todas nuestras responsabilidades, satisfacer nuestras propias necesidades y no lastimar a nuestros hijos en el proceso, pero aún así no sé de ninguna circunstancia que justifique la violencia o la descalificación a nadie, mucho menos a un hijo.

Tan fácil que es hablarles... incluso así de pequeñitos, son taaan inteligentes y perceptivos. Es fascinante ver sus ojitos como se abren al explicarles a dónde se va el sol por la noche o cómo se hace el helado. Y bueno, de grandes, es un orgullo ver como a nosotras nos explican cómo llegar más rápido al trabajo y que falta arreglarle al coche. Y de pensar que todo eso puede cambiar para bien o para mal con la manera en que les hablemos. Su autoestima depende de nuestra forma de darles amor y educación, pero como lo pude constatar hoy, aún hay gente que tristemente no lo sabe.

Sí, a veces debemos llamar la atención, por supuesto, pero es el cómo lo que determina si obtendremos los resultados que deseamos...

Tú como mamá tuitera ¿qué opinas?

@verichis

       

domingo, 11 de abril de 2010

El sobrepeso y yo.

Buen día, hoy quiero compartir con ustedes, que al escuchar una frase de @PaoFigueroa en su editorial de RadioTrece al respecto de la obesidad y sobre peso "No comas todo lo que ves sino ve todo lo que comes" me quedé reflexionando en lo que he vivido en los últimos 15 años.
Yo fuí una persona sumamente delgada, en mi niñez y adolescencia aún en mis años universitarios, pero al cumplir mis 23 años me casé y mis embarazos al ser de alto riesgo me hacían permanecer en cama, y subir 20 kilos en cada uno de ellos, y al nacer mis hijas me quedaba con 10.
Mis 3 embarazos me dejaron en un sobrepeso muy lamentable, que no solo me llevó a sentirme emocionalmente devastada, también fìsicamentee me costaba llevar a cabo algunas actividades con mis hijas y eso fué lo que me hizo ponerme las pilas y empezar a trabajar al respecto.
Es realmente triste ver como algunos de los que dicen ser tus amigos se van alejando de ti por tu sobre peso, llegar a una tienda a comprar ropa y darte cuenta de que lo que te gusta no tiene tallas XX y tener que comprar ropa de viejita pues los diseñadores se olvidan que hay jóvenes que tienen sobrepeso.
He de confesar que mi manera de comer nunca fué exajerada, simplemente mi vida se volvió sedentaria, de oficina a casa y abusé de los refrescos y la comida chatarra lo que me hizo llegar casi a los 100 kilos.
Hoy les confieso que tomo dos litros de agua al día, procuro tanto en mi dieta como en la de mis hijas que siempre haya frutas y verduras camino por las tardes 1 hora y abuso siempre de las ensaladas en mis visitas a buffets pues el comer sanamanete no significa dejar de visitar los sitios a los que solemos ir las mamás con la familia.
Ahora he logrado establizar mi peso, afortunadamente soy una mujer que mide 1.70 y no se notaban mucho los 100 kilos pero mi cuerpo necesitaba sentirse bien. Hoy disfruto salir al parque con mis hijas y correr tras ellas sin sentir que me asfixio.
De verdad tomemos conciencia y cuidemos nuestra salud!.
 

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