martes, 27 de julio de 2010

Conociendo a mi bebé

• Tres familias latinoamericanas compartirán con el público el nacimiento y desarrollo de su hijo durante los primeros seis meses de vida

• Se podrán apreciar los pormenores en el sitio Discoverymujer.com

Miami, Fl. Julio de 2010– Discovery Home & Health anuncia el estreno de la miniserie Conociendo a mi bebé, un programa de cuatro episodios que sigue el día a día de tres familias en Brasil, Colombia y México con bebés en sus primeros seis meses de vida.

El programa es el acompañante de la iniciativa on-line del mismo nombre, en la que los padres protagonistas redactan un blog diario de su experiencia, el cual es compartido con los usuarios del sitio web del canal, Discoverymujer.com o el micrositio, www.conociendoamibebe.com. Así el público sigue el crecimiento de estos bebés en tiempo real.

La iniciativa Conociendo a mi bebé será lanzada simultáneamente en la web y en la programación de Discovery Home & Health el viernes 16 de julio a las 20:30 hrs. Dicho proyecto se realiza en colaboración con Johnson’s baby y los expertos del sitio web Babycenter.com, quienes proveerán consejos que complementarán los blogs de las familias participantes; y la agencia de medios OMD quien apoya ésta y otras iniciativas de Johnson & Johnson’s desde hace tres años.

“Conociendo a mi bebé es una excelente muestra de lo que la teleaudiencia de Discovery Home & Health puede esperar en 2010 en cuanto a programación dedicada a la familia se refiere”, señaló Claudia Chagüi, Vicepresidenta y directora de Discovery Home & Health. “Nos complace muchísimo poder ofrecer este concepto original que junta dos grandes plataformas alrededor de un tema tan fascinante como el nacimiento y desarrollo de un bebé en sus primeros seis meses”.

Todos los viernes, a partir de las 20 hrs., Discovery Home & Health presenta su ciclo estelar Viernes de Familia en el que se emiten programas dedicados a familias en diferentes etapas de la vida como: Historia de un bebé, Superniñera y Adolescentes Rebeldes, entre otros.

Escribir para no enloquecer

Estoy escribiendo. Ensayo momificar mis pensamientos

Valeriu Butulescu

Desde hace un tiempo tenía esta idea rondando por la cabeza, tantas cosas, tantos pensamientos sueltos, tantas frases que se quedan sin decir (¿a dónde se irán?, por cierto) y mucha gente alrededor escribiendo y enriqueciéndome todos los días con lo que aportan y yo, con mi pasividad, como simple espectadora discreta, lo único que atinaba era a comentar algo o a recomendar una lectura y nada más.

El nervio, la pena, el sentir que no tenía nada por aportar, las prisas de la vida y también un poco, por qué no decirlo, la desidia, hacían que aplazara este momento, el de enfrentarme a un espacio en blanco totalmente libre para mí.

Siempre he creído en el poder liberador de muchas cosas simples, las carcajadas de esas que hacen que duela la panza, llorar a moco tendido, mojarse bajo la lluvia y por supuesto, escribir, para dejar ir las cosas, para que fluyan. Además, estoy segura de que escribir es una de las formas más nobles de trascender y de dejar huella del paso por la vida y de todo lo aprendido.

Por eso no pretendo más que dejar que fluya todo lo que me pasa por la cabeza, así tal cual, un poco como venga, pero respetando siempre mi esencia, escribir simplemente para no enloquecer y para dejar de darle vueltas a las cosas.

Aquí espero poder plasmar todo lo que mi corazón anhele, con la única regla de hacerlo de la manera más coherente e hilada que las reglas de redacción que un día aprendí me puedan dar, sólo con el afán de sacarlo todo, sobre tantos temas que me interesan y me provocan levantar la voz. Si bien no me considero experta en nada en específico, puedo decir que conozco lo suficiente de algunas cosas a las que en mis 35 años me he tenido que enfrentar como mujer, como madre, como hermana, como amiga, como estudiante, como abogada, maestra, como ciudadana y lo que se acumule.

Como en todo producto escrito que se respete, es momento ahora de presentarme y de recitar mis antecedentes como escritora (já, qué bien suena eso):

Mi experiencia con las letras viene desde la infancia, como a los 10 años más o menos, con una libreta en la que escribía cuentos, no me pregunten por ella, mi mamá la llevaba y la traía y le leía esos cuentos a sus amistades, así que, a final de cuentas, no sé dónde terminó. Me gustaría saberlo.

Tiempo después, en mi adolescencia, como toda buena puberta noventera de altura, tuve un diario, de esos de 2 manos, en el que escribía mis patoaventuras, lo que me lastimaba, mis secretos y amores imposibles, traumas familiares y demás. Tuve que cancelarlo indefinidamente al ser encontrado por mis amigas durante una pijamada pues se armó la de San Quintín, hubo llanto, burla, pleitos por los secretos develados y demás. Creo que hubiera sido menos grave que lo leyeran mis papás.

Al tiempo de comenzar ese diario, me dí vuelo con el género epistolar ¡qué buenas cartas me aventaba! Tenía de todo, de queja, de consuelo, motivadoras, de chisme, de tirada de netas, una gran variedad… Esto lo practiqué toda la secundaria y la prepa, aún no me explico cómo fue que pasé ciertas materias si durante las clases prácticamente era lo único que hacía.

Seguí con las epístolas cual discípulo en plena evangelización durante el año que viví en el extranjero, escribía tales cartas que normalmente tenía que pagar sobrepeso en el correo, estas cartas se convirtieron en una memoria detallada de mis andanzas europeas; en este caso sí, mi mamá tuvo a bien guardarlas y ahora las conservo como uno de los tesoros más preciados, obviamente junto con las que recibía de mis amigas y familiares, quienes siempre procuraron mantenerme al día e hicieron que nunca me sintiera lejos. Me encanta de cuando en cuando, volver a mi caja de tesoros, acomodarlas en orden cronológico y releerlas. Me siguen haciendo reír y llorar.

Poco a poco en la universidad abandoné este género, me limité a escribirle al Cora (de quien después platicaré) hasta que la chamba, las tareas, la tecnología y la locura de la vida hicieron que dejara de hacerlo.

Ahora, como domadora, administradora, animadora y lo que se acumule de una minibanda compuesta de 2 caballeros disfrazados de gandules y una princesa que se disfraza de rockstar, creo que es momento de retomar la escritura, de volver a entregarme a las bonanzas de las letras, de dejar alguna huella antes de que mi buena memoria, de la cual me precio, termine por atiborrarse y explotar.

Es así que consideraré un halago si alguien se toma la molestia de leerme y con mayor razón si alguno de mis textos llega a provocar algún sentimiento (de afinidad o de lo que sea) con lo que escribo. Tengo una gran emoción por comenzar esta nueva locura aventura y como dirían los artistas, agradezco mucho a mis coaches por el empujón y la confianza y a la vida moderna que me permite expresarme con tanta libertad.

Texto compartido por: @sancanom

viernes, 23 de julio de 2010

Papá en su 26 aniversario en AA

Buenas noches personas alcohólicas, familiares, hermanos, (me comentó Verónica que Erica y Rubén, se incluyeran en ésta categoría, sólo que tu hasta el final rubencito) sobrinos, madre, padre.

Les saludo y agradezco mucho que estén acompañando a mi padre en uno más de sus aniversarios dentro de Alcohólicos anónimos.

Hoy, al igual que la ocasión anterior no me es posible acompañarlos físicamente pero créanmelo estoy con ustedes en espíritu.

Padre muchas felicidades por un año más que cumples, considero que es una gran bendición y ejemplo tu persona y tu historia es una historia de superación que deberíamos de tener presente más seguido para nunca olvidar nuestro fundamento.

Estaba pensando que a diferencia de todos los años anteriores, en éste, todos tus hijos podemos decirnos padres. Gonzalito es padre de un muy temprano todavía pero maravilloso ya, ser humano y hasta donde entiendo, era el único que faltaba. Dice la historia oficial. Al respecto la verdadera sorpresa fui yo, no daba visos de “sentar cabeza” jajajajaja, en realidad me casé porque mi reloj biológico en lugar de tic… tac… tic… tac… me hacía: no me chingues… No me chingues…, ah pero esta no es sesión de catarsis, verdad? Sigo pues.

Esta condición, la de ser madre, a mi por lo menos y creo que a mis hermanos también y sino que lo sea, nos impone una tremenda, pero tremenda doble labor.

Por un lado, formar hombres y mujeres, buenos, justos y felices. Que sirvan a Dios, a sus patrias y familias. Que con todo y lo convulsionado que está el entorno sepan ser congruentes y consistentes con sus ideales y causas. Que si algún día sienten vergüenza, sea de no haber hecho lo suficiente. Que se sepan levantar si se caen, que sepan perdonar y pedir perdón.

Que su dolor sea exclusivamente un referente didáctico de su crecimiento personal. Que sepan elegir y que sepan reconocer cuando se equivocan. Que sean pues, la viva expresión de lo que hemos aprendido con ustedes, papá. Con mi mamá y contigo.

Deseo que mis hijos sean el reflejo de quienes son sus abuelos. Que no se me olvide nunca, pero nunca a mí quien me educó, para que ahora que me toca educar lo haga bien y consiente de que “honra a tu padre y a tu madre” es un mandato, el cuarto. De Dios. Que si no soy capaz de hacer que mis hijos lo obedezcan, estaría en juego su alma y yo soy también responsable de su formación espiritual.

Y bueno, va a ser muy difícil, doloroso, desgastante e ingrato, y claro fascinante. Pero es que además hay algunas cuentas pendientes. Hace apenas unos días, luego de que obligue a Félix Gonzalo (mi hijo de 3 años) a tomarse la leche tras gritos y sombrerazos, saliendo para que lo llevara su papá a la escuela me gritó: mamá eres muy mala. Y yo, que no me la esperaba, pues me cimbré y no contesté nada. Félix, mi querido esposo disque susurrando (pero lo oía hasta el estudio) le decía regañándolo “no le digas así a tu mamá”. Y mi hijito, va de nuez… mamá eres muy mala! y otra vez la recriminación del papá y una tercera vez lo hizo y por fin se fueron. De verdad que lloré, además con mucho sentimiento. Pero cuando quise procesar lo que sentía y pensaba del evento, no pude evitar recordar la de veces que les dí y les doy, - para ser honesta- respuestas más bien groseras, antipáticas, menospreciantes y pedantes, a mis papás y contacté con lo que les tuvo que haber dolido… Por supuesto que en ese momento tomé el teléfono y aunque fuera larga distancia internacional le llamé a mi mamá para decirle que la quería mucho y eso!.

Me parece pues que la aportación de los hijos en nuestras vidas es “perspectiva”. Ellos son los que te ponen en tu lugar, no al revés. Y gracias a ellos, mis hijos, por fin entendí la cita bíblica que reza “Y los hizo a su Imagen y Semejanza”.

Por lo que toca al tema de ser hija pues bueno me queda honrarlos, que en primera instancia se pensaría que es fácil, pues ya de suya es la grandeza, el problema es que “honrar” no significa hablar bien de ellos, o sí, pero hablar bien de ellos a través de mi. Que con mis actos, se infiera la clase de padres que son los míos. Esa es una gran responsabilidad justo por la grandeza a la que aludí antes y no siempre lo logro, más bien me quedo pequeña en ocasiones y por ello quiero pedirles dos cosas para ya no abusar más de su tiempo, primero perdón por las veces que mi pequeñez no ha sido sensible a sus tamaños y la segunda petición es más bien a Dios… Señor:

Concédeme otra oportunidad para alcanzar a entender, discernir y actuar la honra a mis padres y llevarlo a cabo como Tú lo has mandado y como ellos se lo merecen.

Madre y padre: Los amo con el alma, los extraño mucho, ha sido hasta el día de hoy un verdadero placer ser su hija.

¡Y en la distancia te digo muchas felicidades papá!

Texto compartido por @Veronica_LopezR

viernes, 16 de julio de 2010

La liberación femenina

A mediados de los años setentas se escuchaba hablar de la liberación femenina como un gran acontecimiento mundial. Yo no entendía bien lo que eso significaba, pues tenía unos 6 ó 7 años; sin embargo, sí recuerdo bien que significó grandes cambios en las mujeres de mi comunidad.

Se comenzaron a ver atrevidos vestuarios (para la época), como las minifaldas y los bikinis; las mujeres ya no sólo tenían puestos de cajeras, recepcionistas o secretarias en los bancos y oficinas, sino que podían incluso llegar a ser “manda más” de algunos cuantos, conducían autos, fumaban y podían salir sin el marido, por ejemplo.

Muchas fueron las hazañas de las mujeres de aquella época; pero qué pasaba al regresar a casa, pues que una vez cerrada la puerta de su hogar, seguía siendo lo mismo de siempre: lavar, planchar, cocinar, servirle al marido, recocer calcetines y cuidar el gasto familiar. Total que liberadas pero fregadas al fin. Años más tarde, yo misma renegué de la famosa liberación femenina y me pregunté “¿y a esas, quién les dijo que yo me quería liberar?”, pues tenía que ir a la escuela y además aprender a coser, bordar, tejer, cocinar y ayudar en la limpieza del hogar. Ahora, mal que bien agradezco haber aprendido a realizar labores domésticas y manuales, además de tener los estudios.

 

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