lunes, 13 de septiembre de 2010

Hijo único sin sentir culpa

Acepto que mis planes siempre fueron tener por lo menos dos hijos, pero cuando me casé no queríamos “encargar” tan pronto, así que esperamos dos años y ahí comenzó la esperanza del hijo, que tardó más de dos años en llegar. Sinceramente yo nunca sentí culpa por no poder darle un hermano a mi hija, pero sé que hay muchas mujeres que sí lo sienten así, por eso es que les cuento esta experiencia.

Al pasar los meses y ver que no quedaba embarazada decidí que no me sometería a ningún tratamiento por una fuerte razón, considero que son un desgaste económico y anímico, y nada garantiza que se cumpla el embarazo deseado; respeto mucho a los que deciden hacerlo, pero estaba segura que eso no era para mí. Tenía muy claro que de no poder procrear, adoptaría. Luego hice lo que seguramente hacen muchas mujeres, encomendarme a mi Dios y pedirle por lo menos un hijo. Y qué creen? Sí llegó, y fue una niña hermosa.

Un día de mayo nació por cesárea mi linda niña, hoy conocida en Twitter cómo #Chimichurri, al ver su carita le dije: ¡hola amor, ya te esperaba!

Unos dos años después quise otro hijo, ya saben por aquello de: que si el hijo único, que si no tienen compañero, que necesitan el hermano, etcétera. Y acepto que algunos meses me presioné y luego de un tiempo retomé la calma y entendí: “le pedí a mi Dios aunque fuera un hijo y ahora ya estoy moliendo otra vez; por otra parte, todo se debe más a la presión social que a otra cosa”. Y fue así que entendí que mi hija sería única, lo asumí y lo afronté.

Yo tengo varios hermanos y una hermana, de todos ellos debo aceptar que aunque los quiero a todos y a dos más que a los demás, con ninguno me llevo tan bien como para decir con la boca llena: ¡Este es mi hermano! En momentos difíciles, sólo mi hermana ha estado conmigo y de un tiempo para acá ni ella, además no somos tan unidas porque somos muy diferentes. Por otra parte, la vida se ha encargado de darme varios hermanos por el camino; una en especial que yo sé que haría todo por mí, esa es mi hermana de vida que aunque estamos lejos siempre nos comunicamos y nos apoyamos, podemos contarnos lo que sea sin juzgarnos y nuestros hijos se reconocen como primos.

Así que cuando mi hija comenzó a preguntar y a pedir hermanos le explique lo siguiente:

- Yo le pedí a la vida muchos hijos, pero ella decidió que tendría solo una que vale por más de diez, y esa eres tú; además pedí una hijita bonita y me mandaron una hermosa ¿qué más puedo pedir?

Le agregué que, cómo ella sabe, yo tengo dos hermanas, una de sangre y otra de vida. A las dos las quiero igual y con ambas puedo contar.

- Las familias son diferentes: una mamá con dos hijitos, un papá con un hijo, abuelos con nietos, tío con sobrino, papá y mamá con hijo… todas son familias. Familias grandes y chiquitas, no importa el tamaño, todas se quieren mucho y se cuidan por igual. Tú no tienes hermanos de sangre, pero tienes mamá y papá, y la vida se encargará de darte hermanos de vida que estarán dispuestos a estar contigo. No tengas miedo porque serás una buena mujer y la vida sabrá recompensarte con el mejor hermano o hermana, que llegará un día y tú sabrás reconocerle. Se unirán y él o ella estará dispuesto a hacer y dar todo por ti, y viceversa. La vida no se equivoca, si eres hija única es por algo, porque tienes un destino que así lo requiere. Tú enfócate en ser feliz, en querer y que te quieran.

Ahora, desde hace años no pide hermanos y está consciente de que es hija única, lo que tiene sus ventajas y desventajas también. Convive con primos que siempre están cerca y con los que juega y comparte todos los días. Uno de mis sobrinos es hijo único y vive justo en la casa de un lado, y reconozco que eso ha sido un gran apoyo, porque ellos dicen que son “primos-hermanos”. Juegan, se abraza, pelean y cada quien para su casa, pero luego de un rato o un día, otra vez están juntos.

Texto compartido por @tipsdeviajero

viernes, 10 de septiembre de 2010

El Miedo

By @MLomeliPatan

Según la Real Academia Española:

1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Me identifico completamente con las dos definiciones; desde siempre el miedo ha sido un sentimiento que no sé manejar, recuerdo que cuando era niña y algo me asustaba mucho me paralizaba, no sabía reaccionar e invariablemente terminaba llorando, era la típica niña que no podía entrar a la casa de los sustos en un conocido parque de diversiones en la lateral de periférico porque el miedo era un sentimiento tan poco placentero que para mi -y los que me acompañaban- el juego terminaba siendo una mala experiencia.

Luego lo olvidé, durante los maravillosos e inconscientes años de la adolescencia y de la adultez joven, incluso los primeros años de matrimonio, cuando todo era maravilloso y no había mayores preocupaciones que adaptarte a tu nueva vida y tratar de ser feliz, ahí no había miedo.

Y luego vino el siguiente y lógico paso, embarazarnos del primer bebé, por supuesto fui al ginecólogo, me sometí a todos los estudios y me puse todas las vacunas que me mandaron -para evitar algún problema- me dieron luz verde y comenzamos a intentar.

Todo el mundo lo sabe, “no va a pegar muy rápido”, el único secreto es dejar de pensar, no preocuparte y dejarte llevar, en el momento menos pensado va a suceder.

Los primeros miedos que recuerdo conscientes en esta etapa sucedieron a los meses, calculo que poco mas de 6, de estar intentando sin éxito, aunque el doctor decía que no pasaba nada y que no había nada malo, yo no podía evitarlos, no los hablaba mucho pero ahí estaban, adentro de mi.

Por fin, al año de estarlo intentando la tan esperada noticia llegó: estaba embarazada, pero llegó acompañada de un sangrado que indicaba que algo no estaba del todo bien, mi gran miedo se hizo realidad, perdí al bebé, rápido y sin necesidad de alguna intervención médica pero si con mucho dolor del alma.

A los 3 meses volví a tener luz verde para intentarlo, por supuesto pasó otro medio año sin noticias. En esa época tuve la oportunidad de conocer a una de las personas mas maravillosas y mágicas que conozco, en la forma mas casual y menos planeada pude plantearle mi problema y compartir con él mis miedos; con sus manos maravillosas me “alineó”, me mandó una dieta y me “advirtió” que en la siguiente oportunidad posible
llegaría el bebé que tanto deseaba, que no había falla; yo por supuesto no le creí del todo, aunque algo en mi interior moría por hacerlo.

Pues si, 8 semanas después la feliz noticia llegó: estaba embarazada, por supuesto esta vez no tenia miedo... estaba aterrada, no le dije a nadie, solo mi marido lo sabía (y solo porque no había forma de no decirle) el miedo ahora se mezclaba con una gran felicidad, no sabía que pensar o qué sentir, no me quería ilusionar pero algo me decía que esta vez era la buena.

Mi embarazo, hoy lo sé, fue maravilloso, trabajé los 9 meses completos hasta 2 días antes de que naciera el bebé. No tuve casi ningún síntoma y me sentía llena de energía, feliz y motivada, mi mayor miedo durante esta etapa era la cita mensual de seguimiento, en cada una surgía un nuevo tema, estudios que hacerme para asegurarnos de que todo estuviera en orden, una dieta súper controlada para evitar cualquier complicación y “amenazas” constantes de parte del doctor, pero entre cita y cita, lo disfrutaba mucho, el bebé en mi vientre era totalmente controlable, iba conmigo a donde yo fuera y sentía que mientras estuviera adentro de mi estaba protegido y seguro.

Llegué a término, de hecho me pasé 3 días de las 40 semanas, pero yo siempre había querido que él decidiera cuándo era su momento de nacer, siempre le dije que escogiera cualquier día excepto domingos -conozco historias del terror de hospitales en domingo, sin médicos ni personal disponible, aunque me iba a atender en un hospital privado y de toda mi confianza- ¿cuándo creen que decidió que iba a nacer? Por supuesto en domingo, el 7 de Agosto del 2005.

Hice mucha labor de parto en casa, yo sabía que entre mas tiempo pasara en casa, reducía las posibilidades de cesárea, yo quería un parto natural; cuando el doctor me lo indicó me fui al hospital y llegué con un trabajo de parto muy adelantado pero en el camino se dieron cuenta que el bebé traía el cordón enredado, en algún lado dijo el doctor, no sé en donde pero lo mejor es hacer una cesárea. Me dio miedo, pero no mucho, sabía que estaba en buenas manos y que era lo mejor para los dos, nació rápido, lloró de inmediato, lo pude ver, besar y decirle cuánto lo amaba, después firmé el certificado de nacimiento con su calificación de 9.9 y su huellita impresa en el papel.

Llegué a mi cuarto de madrugada, no esperaba ver al bebé hasta la mañana siguiente. Todavía no sé por qué pero el doctor de Nicolás decidió que prefería tenerlo en terapia intermedia, que todo estaba bien -nos dijo- pero como traía el cordón enredado en el cuello dos veces, prefería mantenerlo en observación, no me lo iban a traer pero yo podía ir a verlo... en ese mismo momento regresó el miedo pero esta vez multiplicado por mil, yo creo que nunca había sentido tanto miedo en mi vida.

Fueron los 3 días mas largos de mi vida, yo veía al bebé y me parecía perfecto, el doctor decía que estaba muy bien y comía sin problemas, yo no entendía por qué lo mantenían en ese lugar y no me lo traían al cuarto, lo único que quería era podérmelo llevar a casa.

Gracias a Dios no lo dejaron ni un día mas de lo establecido, el miércoles nos fuimos con Nicolás en brazos.

Por supuesto durante los primeros meses tuve miedos, pero tener al bebé en casa me tranquilizaba bastante, además estaba ocupada con el tema operativo que conlleva tener un bebé recién nacido y eso ayudaba mucho para no pensar... tenía mucho menos tiempo; por supuesto que cuando empezaron las primeras gripas y enfermedades el miedo volvió a estar presente, incluidas un par de visitas a la sala de emergencia sin
mucha razón, con el consabido regaño de parte del pediatra, pero eso también fue pasando y aprendí a enfrentar las situaciones con mucha mas tranquilidad.

Hoy, Nicolás tiene 4 años y medio y a veces, sobre todo cuando lo veo dormir me asaltan muchos miedos con respecto a su bienestar y su futuro pero en general vivo tranquila y disfrutando cada momento juntos; obviamente hay sobresaltos, el peor momento que hemos vivido últimamente fue cuando se me “perdió” en un salón de fiestas, para mi duró horas aunque calculo que en realidad fueron máximo unos 10 minutos... el viernes tenemos otra fiesta en ese mismo salón, obvio no vamos a ir!

El dilema hoy es que estamos pensando en un segundo bebé, inevitablemente regresan los miedos, algunos ya conocidos y otros nuevos, evidentemente a consecuencia de todo lo que leo y veo diario de diferentes temas, muchos relativos a los bebés y su crianza, pero después de la primera vez hoy me siento mas preparada para vivir este proceso con mas tranquilidad, aunque sé que probablemente el miedo será siempre una sombra que me acompañará esperando la primera oportunidad para atacar.

Ser mamá implica ser mujer

Hace no mucho enfermé de gripa, de esas que te hacen tiritar. De hecho, me contagió mi hijo. Para él la enfermedad fue más leve, más llevadera vaya. Me sentía tan mal por todos los síntomas, obviamente, pero me sentía mucho peor porque no podía rendir como debía. Trabajo pospuesto, ánimo por el suelo y mis deberes maternales a medias. A mi bebé no le podía presentar un certificado médico o decirle que me diera un par de horas para dormir, el resultado fue una mamá malhumorada, tirada en el piso de su cuarto mientras el pobre me "enseñaba" todos y cada uno de sus juguetes hasta que el pobre desistió y prefirió ir a jalarle la cola a la perra.

Todo esto para qué. Pues sencillo: ¡las mamás no podemos enfermarnos! y no lo digo en sentido figurado, es en serio. ¿Es imposible? si. Estamos en una encrucijada entonces.

Después de maldecir la mala fortuna de sentirme mal, hubo una vocecilla que me dijo:

Voz: Ha de ser muy feo estar así mamá de bebé

Yo: ni te imaginas cuánto

Voz: pero supongo que esta sólo fue la de malas, que te cuidas para no estar así

Yo: ejem...mmm... si, claro

¡Y no! no, no y no mi querida voz, no me he cuidado lo que debería. He de confesar, aquí entre nos, que la última vez que fui a la ginecóloga fue cuando me quitaron los puntos de la cesárea y mi hijo tiene año y medio. La graduación de mis lentes la cambie no porque ya no veía bien, sino porque había descuento en la óptica, total, un dolor de cabeza por pasar horas frente al monitor qué más da. Al dentista he regresado cuando ya no aguanto el dolor y por supuesto no he seguido el tratamiento que porque me cuesta una pequeña fortuna. Al ejercicio, ja ja, a qué hora si termino muerta y además tengo que hacer mil cosas. Mis "amigos" sólo son de twitter y facebook, es que sólo así tengo chance. Y bueno, la lista sigue y sigue.

Pero estoy en un error, cómo puedo ser una mamá íntegra e integral sino tengo tiempo para mí, y no hablo de ese tiempo empleado en el salón de belleza o en un spa, hablo del verdadero tiempo, ese que realmente podemos llamar inversión. El tiempo para cuidar nuestra salud, nuestro cuerpo y muy pero muy importante: nuestra mente. Yo por lo menos, vivo inmersa en un mundo de "to do list" que nunca cumplo, de proyectos que empiezo y no termino. Y me pregunto, ese es el ejemplo que quiero para mi hijo. Cómo le puedo enseñar el valor de la disciplina y la constancia, cómo le digo que sea perseverante, cómo le inculco el amor por sí mismo, por el medio ambiente, por su familia si ve a su mamá en un ajetreo sin ton ni son.

Ser mamá implica ser mujer. Cada una de nosotras sabe el tiempo que tiene y sus necesidades, nuestros hijos son sin duda la tarea más importante y por eso hoy modifico mi esquema, lo decreto: ya no más mami atolondrada, no más mujer pospuesta para cuando el nene crezca, no más sentimientos de culpa por cualquier cosa, no más pretextos.

Con amor y cariño muy fraternal a este grupo de #mamastuiteras que me ha cobijado y me hace sentir parte de una gran red de cómplices amorosas.
 
Texto compartido por @jimescobar

Lunch escolar

Nuestra amiga @glopezagtwi nos comparte este menú de lunch escolar.

* Salchichas con salsa magui y limon.


* Jicamas y zanahorias rayadas con sal, limon y chile (opcional)

* Rollitos de jamon con queso panela

jueves, 2 de septiembre de 2010

Lunch para preescolar I

Esta es mi primera propuesta con dos combinaciones para el lunch de niños y niñas en edad preescolar. Recuerda que tu pequeño debe tomar un primer alimento en casa, el que debe contener los nutrimentos necesarios para las primeras horas de actividad.

Propuesta 1

• Sándwich de corazón
• Uvas
• Yogur pequeño o petit suisse
• Agua de limón

Recuerda poner: cucharita y servilleta.

Sandwich. Se puede preparar el clásico con jamón, queso, mayonesa y mostaza. Otra opción es mezclar crema, jamón y nuez finamente picado, y un poquito de mayonesa, con esto se unta el pan integral.

Propuesta 2

• Huevo cocido en rebanadas o en trozos grandes.
• Zanahoria rallada
• Barra de avena
• Agua de Jamaica

Recuerda poner: tenedor, sal, limón y servilleta.

Zanahoria. Otra forma de prepararla es rallarla con el pelador de papas, así quedan finas tiras largas que les gusta tomar con las manos.

El toque divertido

Con un cortador grande para galletas en forma de corazón, das la forma al sándwich. Luego, lo envuelves con una servilleta de papel y lo unes con un pequeño sticker.

Acomoda todo en la lonchera y recuerda poner en alguno de los moldes una notita con palabras que tu pequeño ya sepa reconocer: Una carita sonriente y la palabra mamá, un sol, una flor, o algo que le quieras expresar. Si ya sabe leer, puedes escribir: ¡Te quiero!, Con amor de mamá, o lo que quieras.


Post compartido por @tipsdeviajero

Lunch saludable y divertido para preescolar

Cuando mi hija comenzó el preescolar me propuse hacerle cada día un lunch que fuera saludable, divertido y lleno de amor. Ahora les contaré poco a poco lo que hacía para lograrlo y a ella le encantaba, tanto que ahora que está en quinto grado de primaria aún los recuerda con alegría.

Antes de comenzar con las recetas y las combinaciones del lunch diario, te diré lo que siempre debes tener en casa:

• Nueces, almendras, pasas naturales y con chocolates, arándanos, semillas de girasol.

• Barras de granola, avena, alegrías, en general algunos dulces tradicionales.

• Sticker pequeñitos. Cómpralos sin que los vea tu hijo o hija, y guárdalos bien en la cocina para que no los encuentre.

• Papelitos de colores cortados en cuadritos. No es necesario que compres hojas de colores, pues puedes reciclar. Entre las hojas que vayas a tirar corta el espacio que esté en blanco y corta cuadritos de unos 5 x 5 cm.

• Opcional: plumón comestible. Lo puedes conseguir donde venden cosas para decoración de pasteles. Yo compre un juego de ellos en EUA.

• Cortadores para galletas de diversos tamaños; consigue varios lo suficientemente grandes como para cortar una pieza de pan de caja.

Alimentos que usaremos

• Frutas pequeñas como fresas o uvas, plátanos y procura comprar manzanas, mandarinas y naranjas también en piezas pequeñas.

• Zanahoria, pepino, jícama, jitomates cherry, brócoli, germinados.

• Jamón, salchicha, pechuga de pavo.

• Huevos.

• Pechuga de pollo.

• Galletas y pan integrales siempre.

• Limón.

• Chile en polvo (ahora lo venden en unos envases pequeñitos muy simpáticos).

• Sal (Tip: cuando vayas a algún restaurante donde hay sobrecitos de sal, vuélate algunos porque son excelentes para ponerlos en el lunch. Así tienes la seguridad de qué no se excederá en el consumo).

• Jugos.

• Agua natural, o de jamaica, limón, naranja, horchata.

Esto es lo básico que usaba, además de los moldes pequeños con tapa y una buena lonchera. Las siguientes entregas, serán las propuestas de lunch.

Texto compartido por @tipsdeviajero
 

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