viernes, 27 de mayo de 2011

49 calaveritas y un réquiem por justicia

Por Verónica V López Rivas.

Soy muchas cosas, mexicana, mujer, hija, hermana, esposa… Lo que más me gusta ser es mamá. No tengo tanto tiempo; mi primer hijo: Félix Gonzalo, está por cumplir 4 años. Mi segunda: Verónica Andrea acaba de cumplir 1; Debe ser por ello que lo ocurrido aquél fatídico 5 de Junio me tiene tan afectada y lo “no ocurrido” después me tiene tan indignada.

Todo el tema se trata de “la maternidad”. La biológica, la institucional, la geográfica. La que quieras, todo tiene que ver con la madre.

Cada vez que intento ser empática con las mamás y papás que perdieron a su hija o hijo, con la sola idea de que algo así pudiera ocurrirme, se me va el aliento… se me nubla la visión y me pongo mal… Detengo ahí el pensamiento porque lo que veo es una tristeza muy profunda, un vacío sin fondo y una soledad que da frío.
Pienso que lo que sigue luego de perder a tu hijo es la locura, un estar y no. Como una sensación de vivir en un espejismo, en donde ya nada es real. Vivir en el sin sentido. En la espera de la muerte para por fin estar con quién no debió haberse ido. No así. Nunca así.

Los psicólogos de hecho sabemos que no hay estrategia para resolver ese duelo. Hay paliativos, placebos, distractores, pero no existe una forma de intervención que en lo simbólico te permita continuar en la vida sin sentir que alguien te hace falta, que estas incompleto, que hay una escisión en el alma. Una ruptura de incalculable dolor y profundidad.
Estando en las exequias de su hijo, a la pregunta ¿cómo te encuentras? mi tía Ernestina respondía “si se mueren tus padres eres huérfano, si tu esposo, viuda; Pero si se muere tu hijo, no hay ninguna palabra que te pueda describir”. Mi tía Ernestina tenía razón, la falta de palabra es también la falta de lugar.
A los padres de los niños que murieron les deseo paz. En la distancia los abrazo y les digo que me apena terriblemente lo que les ocurrió; que de ninguna manera se sientan solos, porque no lo están. Habemos muchas personas que, toda proporción guardada y respetando su pérdida, estamos verdaderamente conmocionados y condolidos con su circunstancia y que haremos lo que haga falta para saldar la cuenta de justicia que impone el tan terrible evento.

Lo que siguió es una historia inverosímil que no ha hecho más que esbozar lo peor de la naturaleza humana, lo peor de las instituciones mexicanas, lo peor de las autoridades. Sin duda una historia signada por la corrupción, la complicidad, el nepotismo, la impunidad, el silencio.
Quizá debí intitular este texto “Del dolor, al asombro y luego al asco” porque eso es lo que me provoca pensar en las inacciones del gobierno y las instituciones de un supuesto Estado, que no siento que me representa o me cuida o me procura.
Yo amo a mi país, no me había pasado sentirme avergonzada por haber tenido por cuna a México, o impotente por su incapacidad para cuidar a los suyos. Y tengo la impresión de que no soy la única que se siente así.

Esos son los verdaderos fantasmas que van a perseguir a Calderón, Horcasitas y otros personajes nefastos, no los de los 49 niños fallecidos, ellos son angelitos que no tienen que perseguir a nadie, están en paz porque son inocentes.

Los fantasmas que perseguirán a esta gente serán los de las ilusiones muertas de una cantidad enorme de mexicanos que pensamos que están muy por debajo de la exigencia que implica servir a un país tan grande como el mío. Cómo dice la canción “te quedó grande la yegua” Calderón.

Son el fantasma de la dignidad que sentimos pisoteada al premiar con una Secretaría a un funcionario incompetente, cínico y soberbio.
El fantasma del respeto inexistente por dejar impune tan trágico evento sólo porque son parientes los involucrados.
El fantasma de la honra que no te podrán profesar tus hijos por la calidad de persona que eres.
Pero el más doloroso de todos es el fantasma de la justicia, que parece que murió también junto con los 49 niños aquél maldito 5 de junio.
Pero que te quede claro y que le quede claro al mundo. No lo vamos a permitir. La nuestra no va a ser una complicidad por omisión. No descansaremos de alzar la voz en la denuncia de tus incompetencias, omisiones y necedades. Ya fue suficiente. Hoy se hará justicia y esos niños no habrán muerto en vano porque serán quienes nos vinieron a enseñar que cuando algo no está bien, lo que sigue es cambiarlo.
Y por ellos y por nosotros y por los que vienen, haz justicia México.

Texto compartido por @Veronica_LopezR
 

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